El euro digital podría ser una realidad

Tener un Euro Digital es una realidad cada vez más latente en este continente donde la Fráncfort dio luz verde este miércoles a la fase análisis y de pruebas del proyecto más importante desde el lanzamiento del euro. Si todo sale bien, el euro digital podrá ver la luz alrededor de 2025 y sumarse a los medios de pago a disposición de los europeos.

China prueba desde marzo el pago con e-yuan mediante teléfono móvil, con la ambición de convertirlo en una moneda virtual de referencia que compita con el dólar, según los expertos. “Una Europa soberana necesita soluciones de pago innovadores y competitivos”, exhortó recientemente el ministro alemán de Finanzas.

Olaf Scholz. La Nación

El euro digital va a permitir a familias y empresas disponer directamente de esta moneda con una cuenta abierta en el BCE, lo cual actualmente está reservado a los bancos comerciales. Este dinero estará protegido de todo riesgo de pérdida, un argumento fuerte en momentos en que el proyecto de garantías europeas de depósito está estancado.

Promete también una rápida, fácil y segura a la forma de pagar en un supermercado o en línea mediante una aplicación de teléfono móvil, por ejemplo. La meta será que los consumidores a pasarse a un nuevo medio de pago que no difiere mucho de los existentes en términos de trato y gama de servicios.

Cuál es la diferencia con las criptomonedas

Una criptomoneda como el bitcoin no es un medio de pago oficial, su unidad de cuenta no está definida por el Estado, sino que es emitida por organizaciones privadas o controlada por participantes de una red informática. La emisión de nuevos bitcoins está regulada por un algoritmo y no por un comité de política monetaria.

Pero el camino es estrecho porque no se trata de ofrecer la misma garantía de anonimato que el efectivo, por los motivos evidentes de lucha contra el fraude fiscal y el financiamiento de actividades ilícitas. El principal riesgo es la fuga de ahorrantes hacia esta nueva forma de moneda, que permite evitar las tasas de una cuenta clásica de depósito, lo que podría fragilizar a los bancos en la zona del euro.

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